Hoy estuve leyendo “El camino del encuentro” y le pude sacar algo, ahí va:
Es que estar enamorado no es amar.
Porque estar enamorado es un sentimiento y estar enamorado es una pasión, las pasiones por definición son emociones desenfrenadas, fuertes absorbentes, intensas y fugaces como el destello de un flash.
Cuando un vínculo que comienza con esa pasión, estar enamorado da paso al amor, todo sale bien. De hecho nada mejor podría pasarnos, pero cuando no conduce al amor, el desenamoramiento solo deja una sensación de ciudad devastada, la ruina emocional, el dolor de la pérdida, el agujero de la ausencia.
Es verdad que cuando estoy enamorado a veces parezco un imbécil, pero no necesariamente lo soy, podría suceder que un imbécil esta enamorado, pero una cosa no debe deducirse de la otra.
De todas maneras, y aunque aceptemos que no es un estado permanente, convergamos que durante esos fugaces momentos de pasión uno parece abrir su corazón a otra realidad mayor y vive cada pequeño hecho con una intensidad que posiblemente añore cuando la pasión se termine.
———————————
Juan Carlos Benitez – Escritor Costarricense
Cuando estaba enamorado, había mariposas por todas partes, la voluptuosidad de la pasión me carcomía la cabeza. Durante todo ese tiempo, no escribí, no trabajé, no me encontré con los amigos. Vivía pendiente de los movimientos o de la quietud de mi amada; consumía montañas de cigarrillos y toneladas de vitaminas, me afeitaba dos y hasta tres veces por día; hacía dietas, caminatas. Me perseguía hasta la certeza la paranoia del engaño; pensaba todo el tiempo en besarla, en mirarla, en acariciarla. Durante semanas gasté demasiado dienero, demasiada esperanza, demasiada crema para el sol, demasiada esperma y demasiado perfume. Escuchaba demasiada música clásica, utilizaba demasiado tiempo, consumí toda mi tolerancia y agoté hasta la última de mis lágrimas. Por eso siempre digo recordando esos momentos: Nunca he sufrido tanto como cuando era feliz.